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Castellanos

Por Berto Gracía y Javier Vallejo

En una franja de cerros, colinas, lomas y vallonadas, en una semiplanicie de relativa pedregosidad, con afloramientos arcillosos y con una altitud de unos 60-70 m sobre el río Cea; en el glacis formado entre el río Cea y el Esla, al N.O. de un núcleo de población importantísimo a través de los siglos y sobre todo en la época medieval (Sahagún), se encuentra el pueblo de Castellanos.
Las excavaciones arqueológicas, no muy abundantes en la zona, atestiguan la existencia de población en la zona desde el neolítico y desde ahí, ininterrumpidamente hasta el momento actual: período de los visigodos y posteriormente de los árabes.
Los primeros asentamientos de población cristiana podemos situarlos, sin temor a equívoco, en el siglo VIII, momento en que la Cuenca del Duero, según las crónicas medievales, entra en un período de relativa tranquilidad y seguridad, debido a que la frontera de la Reconquista se fija en el mencionado río. Pero es sin duda en el siglo IX, y a mediados del mismo, cuando se produce un proceso de repoblación de muy variada procedencia y que hoy se encarga de recordamos la toponimia de la zona: Castellanos, Bercianos del Real Camino, (que hace referencia al origen de su población, a la vez que da testimonio del paso del Camino de Santiago por ese lugar), Galleguillos, etc.

Toponímia

En lo tocante a este tema, y por hacer referencia a una de las estudiosas y entendidas de nuestra zona sobre el mismo, dice Fátima Carrera: «Hay, en principio, dos Castellanos, uno que subsiste en el páramo, al N.O. de Sahagún y otro que sólo queda en la documentación, el cual se hallaba entre Melgar de Abajo y Monasterio de la Vega».
«Castellanos alude a gentes procedentes de Castilla. Castellanos deriva de Castilla. Plural Neutro de Castellum (Castillo)».
Otros autores, como Madoz o R. Fedón, difieren bastante en la interpretación que realizan sobre la toponimia del lugar, y aluden preferentemente a otra serie de hechos o circunstancias que pudieron dar origen al nombre del pueblo.
A principios del siglo X ya encontramos datos que nos demuestran la existencia de Castellanos: Un documento de la época lo describe como situado en uno de los arroyos que forman el Valle Laurenzo, concretamente en el denominado Arroyo de Palazuelo, que viene de Villacintor, pasa por Castellanos, pasa por el hoy despoblado de Palazuelo, Codomillos y muere en la vega de Sahagún. Sobre estos cinco valles que forman el Valle Laurenzo es manifiesto el dominio que ejerce el Monasterio de lo Benedictinos de Sahagún, sobre todo durante estos siglos medievales, aunque también en posteriores; quizás por esta razón es por lo que se advierte un mayor nexo de unión entre el pueblo de Castellanos y este monasterio, que el resto de pueblos que en el momento actual forman el Ayuntamiento.
De fecha no muy posterior encontramos la siguiente descripción del pueblo: «Provincia y obispado de León, 35 vecinos, 106 habitantes, 1 parroquia, situado entre dos montes, al 5. y en la bajada de un valle frondoso, cuyas aguas van aumentar el caudal del río Cea. Es abundante en yerbas con que cría mucho ganado lanar, vacuno, caballar, cabrío. Produce buenas cosechas de trigo, centeno, avena, cebada, mucho lino y legumbres. Industria: telares de lienzos y estameñas para el consumo de sus habitantes. Horizonte algo oscuro, terreno pantanoso y no muy sano. Tiene montes de robles para combustible, y en ellos hay muchos pastos. Tiene un molino harinero. Dista 8 leguas y media de la capital. Al N.O. de Sahagún, etc.».
La primera noticia que encontramos de Castellanos y que se refiere al pueblo de forma directa y particular, aparece en «Historia del Real Monasterio de Sahagún» del P. Escalona. En la página 47 del mismo aparece: «. . .pues a nueve de enero siguiente de 980, ya se ve que era abad D. Pascual y prior Job, el último que lo había sido en los últimos años de D. Félix. En dicho día ya comenzaron las donaciones, que fueron copiosísimas en los años de su abadía, pues en el dicho día le donó Nuño Mirelliz con su mujer Audesinda y con sus hijos, la Villa de Castellanos por entero, con todos sus términos. Y en el mismo año le dio el rey D. Ramiro la villa de Riparubia, que estaba arrimada el coto del monasterio».
En el año 1091 y en el libro ya citado, aparece otro documento referido a Castellanos, según el cual el obispo D. Pedro y su cabildo convienen en que en la iglesia en Castellanos no tenga tercia alguna el obispo de León, sino que las perciba el Monasterio de Sahagún.
El papa Alejandro III declara la iglesia de Castellanos perteneciente al Coto del Monasterio de Sahagún, por lo cual ningún obispo tenía potestad sobre ella; si la tenía en cambio el abad del monasterio.
Del 1212 tenemos otro documento, según el cual podemos damos cuenta de que en ese momento el monasterio está pasando por difíciles momentos desde el punto de vista económico, ya que de nuevo aparece el pueblo de Castellanos, esta vez como aval de un préstamo que el abad de dicho monasterio ha contraído y tiene dificultades para pagar.
La constante presencia de estos y otros datos que no reflejamos en este artículo nos hace pensar que el grado de unión y dependencia del pueblo con el monasterio de Sahagún ha sido, sin lugar a dudas, muy directo y muy importante y ha marcado de forma decisiva el devenir del mismo. 

Poblamientos cercanos.

Eran varios los núcleos de población que existían y que estaban relativamente cerca del pueblo y que hoy han desaparecido, en la mayoría de los casos sin que haya quedado ningún resto ni noticia directa de los mismos. Bien es cierto, por otra parte, que algún vestigio, alguna sospecha, queda en la mente de nuestros mayores y que, no pocas veces, la existencia o no de los mismos ha sido motivo de charlas de corrillo e incluso e incluso de discursiones al respecto. Lo mismo ocurre con el tema de lar ermitas: ¿existieron o no? ¿bajo qué advocación estuvieron? Temas, todos ellos, que trataremos posteriormente y a los que procuraremos dar respuesta, dentro de nuestras posibilidades.
En cuanto a los pueblos desaparecidos, debemos aclarar que se trataba de pequeños núcleos de población (20 ó 30 casas); que su desaparición puede estar ligada a la emigración de estas gentes hacia Extremadura y Andalucía con el fin de repoblar aquellas tierras; aunque también ha podido haber otras causas tales como las epidemias, pestes, enfermedades, etc., que eran tan frecuentes por otra parte en la Edad Media, época en que desaparecen la mayoría de estos poblados.
Estos son los principales núcleos de población de los que tenemos constancia:
Villarrubia: A 4,5 km. al N. de Calzada (aparece citada por primera vez al mismo tiempo y en el mismo documento de Castellanos). Fue cedida por Ramiro III con todos sus bienes al monasterio. Hoy existe una fuente en el lugar donde existió el pueblo y que sigue llevando el mismo nombre.
Palazuelo o Parazuelo: Poblado que dio nombre al valle; esta villa de Palattolo perteneció a la villa de Sahagún. Es dificil localizar el lugar exacto donde estuvo ubicada esta villa «Estaba situada a 1 km. al N. del valle de Calzada, a 3,7 km. al N.O. de Codomilb... » Posiblemente en la bifurcación que hoy forman los caminos que, procedentes de Sahagún, van hacia Banecidas y Santamar el uno, y hacia Castellanos el otro.
Villa Andrinos (Vallandrino): En el 956, el monasterio de Eslonza recibe del rey Ordoño II la Villa-Andrinos (hoy despoblado de Vallandrino), al lado de Castellanos. Hay varios documentos que atestiguan su existencia.
Villa Egas: Poblado situado en el actual Villegas. No encontramos documentación directamente referida al mismo, pero sí aparece varias veces mencionada como límite o linde entre otros poblados.

Vias de comunicación

Dos son las principales vías de comunicación que aparecen citadas en estos lejanos tiempos:
Una la que se denomina «Via Maior», que transcurría por lo que hoy es el valle de Palazuelo (valle abajo). Este camino pasaba por Castellanos, Villacintor y llegaba hasta Herreros, desde donde continuaba hasta León.
El mismo documento hace referencia a otro camino denominado de Villamofol a Castellanos y que se trataba sin lugar a dudas de un camino de mucha menor importancia.
Estas vías, sobre todo la primera, facilitó la expansión y penetración, a través de payuelo y hacia el Cea de los distintos monasterios de la comarca, (Eslonza, Ardón, Sandoval etc...) así como de la catedral de León que, según nos consta, tenía posesiones en Castellanos y Villacintor.
Las condiciones de vida de la población permanecen prácticamente inalterables hasta el siglo XVI en que la situación que nos presenta es la siguiente:
a) Territorios de Realengo:
directamente dependientes del Rey.
b) Territorios de Señorío secular: que era el más extendido. Castellanos pertenece a esta tipología.
c) Territorios de señorío eclesiástico, menos extendido pero muy importante.
A partir de esta fecha encontramos convertido a Castellanos en territorio de señorío secular; por tanto, aunque sin desaparecer totalmente, la relación y el grado de dependencia del Monasterio va a ser menor a partir de este momento, ya que su dependencia pasa a ser directamente del señor de la villa.
Tenemos un documento de extraordinaria importancia de: «Apeos de heredades y préstamos de Castellanos» del año 1596 y en él podemos ver cómo el señor del pueblo, D. Manuel de Quiñones Pedrosa y Pimentel, manda realizar estos apeos (un apeo es un documento jurídico que acredita el deslinde y demarcación de las fincas).
Estos apeos se mandan realizar debido al estado de confusión en que se encontraban los préstamos que el señor había hecho a los vecinos del pueblo. Debían ser tan antiguos, que algunos prestatarios habían perdido conciencia de la existencia de los mismos, tomando lo prestado por propio, y realizando, en consecuencia, ventas y trasmisión en heredades de aquello de lo que realmente no era dueño, sino solamente prestatario. Para evitar estos desmanes se realizan los mencionados apeos a petición del señor y contra los que se «rebelan» los vecinos de Castellanos a través de lo que hoy pudiéramos conocer como desobediencia civil, pero que al final se ven obligados a aceptar y cumplir.
Este apeo del XVI sirve de base a otro posterior, fechado en 1769 y que fue mandado realizar por la Sra. Marquesa de San Vicente. Los Marqueses de San Vicente fueron durante siglos los señores de Castellanos, según consta en los documentos y fueron los que construyeron y habitaron (al menos temporalmente) el edificio que hoy conocemos como «El Palacio».
La documentación, relativa al pueblo, que aparece a partir de finales del XVI y durante los siglos posteriores, es abundantísima, tanto en lo referente al aspecto civil como religioso, por lo cual y dada la extensión de este artículo, queda fuera de nuestras posibilidades el poder reflejarla, ni aún en los aspectos más interesantes. Nos referimos por tanto a aquellos elementos o apreciaciones que consideramos básicas. 

Parroquia, ermita y capillas

La antigüedad de la parroquia queda reflejada en los documentos qu anteriormente hemos mencionado, en relación a las primeras citas del pueblo. No conocemos sin embargo la fecha de su construcción, pero sí sabemos que la capilla central de la misma era propiedad y patronato del señor del pueblo. El señor era el encargado de proveerla de todos los enseres necesarios para su mantenimiento y decoro.
En el 1608 tenemos noticia escrita de una fundación de una capilla, dentro de la iglesia denominada Capilla de la Asunción, con su correspondiente capellanía. Se trata de una capilla colectiva, fundada por Gregorio Pacho, clérigo de menores órdenes y natural del pueblo de Castellanos. Para esta fundación, su hermano Juan Pacho realiza una aportación de 40 ducados de capital o de principal y dos de réditos y conlieva esta fundación una carga perpetua de seis misas que deben ser dichas en fechas y días señalados. Posteriormente se hacen agregaciones a esta fundación y se funda igualmente y por la misma familia otra capilla y capellanía bajo la advocación de la Virgen del Rosario. Es curioso ver los términos en que está redactado el documento de fundación y cómo se asegura que estas capellanías estén siempre regidas por algún miembro de la mencionada familia Pacho.
Durante toda esta época y hasta bien entrado el siglo XIX (concretamente en 1812), los entierros de los fieles se realizan en la misma iglesia, ya que de los escritos se deduce claramente que los niños eran enterrados en la nave de San Blas y es de suponer que los adultos lo fueran en la nave central de la iglesia. Es a partir de 1812 cuando se prohíbe realizar enterramientos en la iglesia, no sin oposición por parte del pueblo. El obispo se ve obligado a amenazar al prroco a no efectuar enterramientos en la iglesia bajo multa de 50 ducados.
En este mismo documento puede observarse cómo en el año 1807 estaba ya construida la ermita de San Roque, dentro o al lado de lo que hoy es el cementerio. Esta ermita, que todavía está en la mente de algunos de nosotros, no es la original, que recordemos es otra, situada, posiblemente, en el mismo lugar, pero bajo la advocación de San Pedro, según consta en documento del año 1930, en que se funda esta ermita de San Pedro en el cementerio y que hoy también está desaparecida.
También podemos dar fe de la existencia de otra ermita denominada de San Pedro y de la cual no podemos dar fecha de su fundación, pero sí de su existencia, gracias a un documento que refleja la venta de los despojos de la misma. Esta ermita estaba situada en lo que hoy conocemos como «Fuente de San Pedro» y en el año 1810 sólo quedan restos de la misma. El obispo ordena vender los despojos de la misma: por ellos se sacan 500 reales de vellón y el santo es trasladado a la iglesia parroquial lo mismo que las posesiones de la ermita que también pasa a la parroquia, no sin cierta oposición de los vecinos que piensan que estas posesiones son del común y no de la ermita. En los últimos tiempos debía estar tan deteriorada que según el documento a que hacemos referencia, se usaba como corral de ganados.
Las reformas efectuadas en la iglesia durante el siglo XVII y XVIII son numerosas y en algunos casos importantes, pero sin lugar a dudas la más importante fue la realizada en el año 1907: más que una reforma se trató, al parecer, de una nueva construcción. Tanto es así que hubo acto de inauguración de la iglesia el día 2 de noviembre de 1907.
Paralela y conjuntamente a este aspecto religioso sobre el que venimos haciendo incidencia, transcurre la vida civil y no podemos pasar por alto, desde este punto de vista, el que sin duda es el documento más importante del siglo XVII. Nos estamos refiriendo al Catastro del Marqués de la Ensenada, documento detalladísimo y hasta puntilloso en casi todos los aspectos de los que componían la vida social de los ciudadanos (en este caso concreto de Castellanos) durante el año 1752-53-54. En él podemos encontrar una visión exacta y completa de las característica esenciales del pueblo; nos referimos concretamente a la extensión del mismo, localización detallada de las arcas, la distancias que hay entra casa una de ellas (medidas en varas) los tipos y clases de tierras que hay, lo que produce casa una de ellas, a qué están dedicadas: trigo, cebada, linaza, plantío, etc. Asimismo aparece en este documento la descripción de las viviendas que hay en ese momento: entre ellas una descripción del palacio, el número de vecinos del pueblo, sus oficios, lo que cobra cada uno de ellos por ejercer dicho oficio, etc.
Curiosamente aparece en estas declaraciones la existencia de un préstamo que el pueblo tiene, en ese momento contraído con las monjas del Convento de Santa Clara de Cuenca de Campos.
Son realmente muchos los pagos que el pueblo debe realizar: por una parte los pagos correspondientes a las rentas del Sr. Marqués; por otra parte los diezmos a la iglesia (es abundante la documentación que sobre este motivo se conserva en el archivo de la santa catedral), la problemática que gira en tomo a estos diezmos, los diezmos de las granzas, etc. La desamortización de los bienes eclesiásticos por parte de Mendizábal (la llamada desamortización de Mendizábal) no influye de forma decisiva en la situación económica que el pueblo presentaba, ya que, como antes hemos mencionado, era de señorío secular, y aunque es cierto que los monasterios tenían sus posesiones y que estas salieron a subasta, según la ley de la desamortización, sólo dos vecinos del pueblo pudieron aprovecharse y hacerse con unas tierras en propiedad y que provenían de estos bienes eclesiales:
Facundo Gallego y Pedro Fernández. No sería muy erróneo el suponer que el resto de los vecinos no disponían de los medios económicos que se precisaban para poder acceder a la compra de estos bienes, por lo cual de poco les sirvió a la mayoría la famosa desamortización, quizás para pagar a depender de unas manos más avarientas que las de sus poseedores anteriores (la mitad de las posesiones adquiridas por Facundo Gallego aparecen posteriormente en manos de José Alonso Orejas. Lo más probable es que se hiciese con ellas ante la imposibilidad de pago de los plazos por parte el primero). Este personaje, José Alonso Orejas, reaparece como apoderado para el cobro de los foros que tenía el pueblo.
En 1818 el patronato de la capilla mayor de la iglesia parroquial ya no recae sobre el Sr. Marqués de San Vicente, sino sobre el Sr. Conde de Salvatierra; debemos suponer por tanto un cambio de titularidad en el Señorío; de cómo pasó la titularidad de este último señor a los propietarios que figuran como tales en el último cuarto del siglo XIX y primer cuarto del XX (hasta la desamortización de los foros, si fue por herencia, compra, etc) es algo sobre lo que no nos atrevemos a opinar por falta de datos concretos. Lo más problable es que estas transacciolles de bienes se hicieran al amparo de la ley de desamortización de Mendizábal, ya que en realidad no sólo afectó a los bienes puramente eclesiásticos.
Sea como fuere, lo cierto es que hasta la fecha anteriormente señalada, son tres los foros que pesan sobre el pueblo de Castellanos:
Primero: El foro perteneciente al Dña. Felisa y Dña. María Guadalupe Tejerina Pérez la segunda soltera y la primera casada con D. Eladio Carnicero Herrero (Comandante de infantería del Ejercito) y vecinos de León.
Este foro esta dividido en dos partes, la primera consta de 156 fmcas en el término denominado de Castellanos y es por tanto de tierra de labor y otra parte de terrenos montuosos en el término denominado «Las Majadas», de unas 112 hectáreas. Por la primera parte del foro se pagan 54 cargas de trigo, por la segunda se pagan en metálico 115 pesetas y 80 céntimos.
Estas señoras tienen el foro en propiedad por herencia de su padre Adriano Tejerina Valladares (testado en 1902). La redención de este foro cuesta al pueblo el pago de 72.000 pesetas.
Hay un segundo foro que se redime por la cantidad de 35.545 pesetas y cuyos propietarios eran Dña. Visitación de Jove y Piíián y D. Ramón de Riego y Jove, este último en representación de Dña. Manuela Alonso Martínez-Martín.
Se paga por el foro cantidad anual de 68 fanegas de trigo, otras tantas de cebada y 34 gallinas. Este es el foro procedente del convento de Santa María de Trianos, que era su propietario con anterioridad.
Existe un tercer foro cuya propiedad es de Dña. María Concepción Vega Díez y su esposo D. José Víctor Sánchez del Río, (vecinos de Riaño), que es el último en redimirse el 11 de septiembre de 1930. Por este foro se paga de renta anual 12 fanegas de trigo y doce de centeno, «impuesto que pesa sobre el término de la granja de Vallandrino y sus anexos». Procede el foro del monasterio de Sandoval, orden de San Benito (los llamados quiñones de San Benito). Se redime este foro por la cantidad de 7070 pesetas.
Esta redención de foros se puede realizar gracias a un préstamo que El Monte de Piedad y Caja de Ahorros de León concede a favor de 25 vecinos de Castellanos, en representación del concejo, de 125.000 pesetas y que deben ser devueltas a esta entidad en el plazo de seis años en períodos de tiempo semestrales, de la forma que se señala en el documento de la concesión del crédito.
En cuanto a la población, podemos decir que experimenta una aumento general en los primeros años del siglo XX y se mantiene así hasta el año 1950, en que la tendencia cambia de forma radical.
Los años de postguerra son duros y la situación económica va empeorando coincidiendo con un máximo de población en el año 50. A partir de este momento la población comienza un proceso de recesión alarmante debido sobre todo al fenómeno de la emigración: familias enteras dirigen hacia las zonas del país que han sido recientemente industrializadas. En nuestro pueblo es significativo el aluvión o número de personas que se van hacia focos bien determinados del País Vasco (fundamentalmente Bilbao, Guemica y San Sebastián), Cataluña (casi exclusivamente lo acapara Barcelona) y Madrid; este fenómeno es el causante, a su vez, de que el índice de natalidad disminuya y en consecuencia la población vaya envejeciendo de forma significativa en los últimos años. 

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