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Villamizar

Por Miguel González de Lucas

A corta distancia de la altura de “La Talaya” (964 m), alejada del Cea y más del Esla, entre el páramo del Payuelo y el monte de Foncavada, en amena campiña avenada por los regueros y ramblas que alimentan al arroyo Sedano, tributario del Cea, se alza la vieja población de Villamizar de la Mata.
Precisamente al hecho de encontrarse enclavada entre “matas” (de monte de rebollar) en el territorio parameño y montuoso que desde antiguo recibió el nombre de monte de Ceba o Las Matas de Ceba, no nos resulta extraño que ese apelativo de “La mata”, que en leonés (idioma originario del País) significa monte bajo entre vallejos y campos.
La primera noticia escrita es del año 1086 con el nombre de Villa Amiçare y se trata de una donación de un solar con su era y pertenencias, hecha por Martín Flainiz a favor de Bellido Citiz. Este hecho hubiera quedado en el olvido de no haber pasado más tarde esos bienes a los monjes de Sahagún, que se cuidaron de conservar este documento probatorio.
Pero probablemente su origen se deba a la gran repoblación de tierras recién reconquistadas, efectuada por mozárabes (cristianos arabizados procedentes de la España musulmana) desde finales del Siglo IX y principios del Siglo X, promovida por los magnates de Alfonso III de Asturias y sus inmediatos sucesores al trono; esta afirmación la basamos en que otros pueblos de la zona se fundan por esas fechas como ejemplo Quintana del Monte y Banecidas (año 915) coincidiendo con los actuación repobladora de los restaurados monasterios de Sahagún y Ardón.
La toponimia (significado de un nombre geográfico) es árabe pues quizás Villa Amiçare responda a Villa de Maizara. “Villa” procede del latín con el significado de granja o casa de campo y en el momento que nos ocupa indica núcleo de población rural pequeño. Maizara o Meiçara es antropónimo árabe o mejor mozárabe, su mayoría onomástica árabe o arabizada. Quizás esté relacionado con el nombre de Muza (Moisés), o no sea así, pues en esta misma etapa repobladora hay un Villa Muza cerca de Villada (Palencia) y un Meizara en el Páramo.
En 1120 en un documento de la iglesia - Catedral de León, nuestro pueblo aparece como una parroquia del obispado legionense y las rentas eclesiásticas devengadas sirven en parte, para el mantenimiento de un canónigo (Mamés Peláez).
Desde 1145 se dona y vende al monasterio de Sandoval (cerca de Mansilla de las Mulas) solares, tierras, montes, linares y prados por distintos vecinos y poseedores “in pago Villa Mizar”. Durante toda la Edad Media en más intensa, la relación con este monasterio (y el de Eslonza) que con el de Sahagún, desde el S. X y XI forma su propio territorio de influencia (El Coto).
En 1.183 se firma el tratado de paz entre Femando II de León y Alfonso VIII de Castilla, reconociendo como límite y frontera de ambos reinos la línea del río Ceba, exceptuando ciertas plazas en la margen derecha que deberán permanecer 10 años en poder del Rey de Castilla: Villa Egas, Villa Mudarra, Villa Mizar y Peña Melera, lo que nos da una idea de importancia adquirida por nuestro pueblo.
Además de este documento deducimos que era la sazón, villa de realengo (del Rey) pues se expresa que quedará en poder del Rey de Castilla y no del reino ni de ningún señor. Se tratará por lo tanto de una comunidad de Concejo abierto de vecinos, una suerte de democracia medieval de labradores con usos y costumbres casi colectivistas. Mas tarde perdió esta libertad, pasando, quizás, de “Behetría” (Señorío jurisdiccional en que el Concejo elige al Señor dentro de un linaje oriundo) a lo de “Solariego” (Señorío jurisdiccional por títulos hereditarios).
En 1.195 Gonzalo Rodríguez y su mujer Sancha donan la mitad de una heredad que poseen en Villamizar al monasterio de Santa Olaja de Eslonza. Con los años se incrementaría la influencia de este monasterio. Por estas fechas se inicia también la influencia del de Santa María de Gradefes, resultando estar Villamizar en el vértice del juego de intereses de cuatro poderosos monasterios.
A la importancia de Villamizar correspondió la cantidad de villas que la rodeaban; Un documento de Sandoval de 1.180 cita las siguientes Villa Xaen, Villa Lizer, Santa Olaja, Oter Dalvarth, Sedano y Villa Elez. Villa Xaen o Villa Xan sería la actual dehesa de Valdellán, donde se dona en 1.183 al citado monasterio de Sandoval por Rodrigo Fernández tierras, solar y “defesa” (dehesa o monte ahuecado pastizal). Mas tarde aquí se formará un pequeño monasterio o cenobio subsidiario de Sandoval, desamortizado en 1.836 y adquirido por la familia vasca de los Azcoitia, radicada desde entonces en la ciudad de Palencia. Además se conserva una capilla del viejo convento.
Villa Leizer pudo estar en el pago que hoy se llama Fuentellicer. Sedano estaría lógicamente a orillas del arroyo que todavía conserva este nombre. De otros nos es imposible su localización.
En otro documento del monasterio de Santa María de Sandoval, aparece el poblado de Fontanares, que estaría sin duda en lo que hoy se llama Hontanares, las “fuentes” del arroyo principal que aguas abajo recibe el nombre de Sedano. También en esa misma documentación se Sandoval aparece el poblado de Granja del Paiolo, que dio origen a un litigio entre Don Lope, Abad de Sandoval y el Concejo de Villamizar sobre el aprovechamiento de los pastos, que terminó en concordia, poniendo buenos “moyones” para partir claramente de dos términos. Con el tiempo el monasterio del Porma incrementó su influencia en la zona del Payuelo que terminó siendo de su propiedad hasta la desamortización de 1.836, territorio que dio origen, tras ciertas visicitudes a la actual mancomunidad.
En otro más de los documentos de Sandoval de 1.226 (una Venta) se habla de San Pedro de Fon Cavada, lo que hace suponer en la existencia de un monasterio, probablemente dependiente de el de Villaverde de Sandoval, que también tras la desamortización de los bienes del Clero regular de 1836 pasó a formar un monte mancomunado, liquidado y repartido entre varios pueblos vecinos (exceptuando, como en el caso del Payuelo, el nuestro) en 1.933.
Estos poblados debieron ser muy pequeños con alguna dependencia jurisdiccional y parroquial de Villamizar, exceptuando los monasterios. Ninguno sobrevivió a las terribles epidemias de peste, malas cosechas y guerras que jalonaron la Baja Edad Media.
No nos dejaron restos materiales de su lugar de emplazamiento visibles, a no ser que consideremos que el recientemente descubierto Horno de La Fuente sea realmente medieval y no, como se supuso al principio, romano y los destruidos restos que afloran en las Moralas y la Ermita. (En Las Moralas parece confirmado, por otra parte, que hubo un villa romana antes de un poblado medieval y en la Ermita pudo estar una ermita dedicada a San Roque a la que se refiere documentos del Archivo parroquial; pero no olvidamos que las ermitas rurales aisladas en el campo suelen ser antiguas iglesias de despoblados).
En la misma documentación de Sandoval se da a conocer las vías de comunicación o caminos principales del pueblo: Carretera de Villa- verde (Villaverde de Arcayos) hacia Almanza y Saldana, carretera de Sancto Cipriano (San Cipriano de Rueda) Hacia el sur por el Ceba (camino por donde subieron los repobladores mozárabes, vía de la plata hacia Extremadura y Andalucía).
Por lo menos ya en el año 1.253 se constata el apellido “de Villamizar” en la persona de un tal Marín de Villamizar (Documento de Sahagún), llevado con honor por una familia de caballeros que dio a la ciudad de León ilustres regidores y corregidores en los S. XVI y XVII, pasando algunos de sus miembros a Sevilla y’ al Virreynato de la Nueva Granada (Colombia, Venezuela y Ecuador) donde se dad.
En el libro “Becerro de la Behetrías” mandado componer por el rey D. Pedro “el Cruel”, entre 1.351 y 1.352 por instigación de D. Juan Alfonso de Albuquerque con el fin de adueñarse los pueblos y las villas de Bebetría o benefactora de Castilla (pueblos que podían elegir a su señor jurisdiccional), aparece nuestro pueblo formando parte de la Merindad de Saldaña y por tanto como pueblo castelano, en el mismo límite del pueblo de león. Según este mismo libro es villa de “solariego” (señorío jurisdiccional laico) de D. Gonzalo Núñez Daza y paga a éste como señor, los impuestos del “yazar” (90 maravedíes) y la “Martiniega” (240), y al Rey paga los impuestos de “moneda” y, cuando lo echa, el de “servicios”. Vemos pues corno las luchas nobiliarias y guerras de bandería de finales de la Edad Media acaban con la libertad de las viejas comunidades labriegas, pasando de la Behetrias, todavia pocas lesivas para sus intereses a los señoríos solariegos ya perfectamente feudales.
La primera noticia escrita que tenemos de la advocación de la iglesia parroquial a San Pedro Apóstol es del año 1 .468 y nos de el Libro “Becerro de Prestaciones” del archivo catedralicio de León, ParroqLiia del arciprestazgo de Cea. También en este mismo documento se dice que el derecho de presentación de capellán pertenece al rey, que se lleva las terceras partes del “Diezmo” (impuesto eclesiástico de una décima parte de las cosechas de cada feligrés) y la otra parte la lleva el “prestamento” Johan Díaz.
De esta misma época, finales del XV, datan obras cii la iglesia, quizás reconstruida y ampliada en estilo gótico—mudéjar de que es muestra el arco conopial de entrada. A Finales del ese siglo se constata un crecimiento de la población en toda Castilla, recuperándose de la mortíferas pestes del S. XIV y primera mitad del S. XV, crecimiento que en nuestra villa hizo posible esas obras de ampliación de la iglesia.
Del año 1.530 data el primer vecindario (recuento de vecinos) que conocemos (78 vecinos que corresponderían a un máximo de 300 habitantes, según la estimación habitual de estas fechas). Unos años después, en el censo de 1 .591 son ya 88 vecinos, 84 de ellos “pecheros” (del estado llano y que pechan, es decir, que pagan impuestos), 3 hidalgos (exentos) y uii clérigo que es el cura párroco.
En 1.556 se suscribe una concordia entre Villacintor y Villamizar, donde se especificaii las penas y multas por invasión de pastos por ganados de hasta 20 cabezas. Esta cuestión traerá cola entre ambos pueblos vecinos, pues hay otra concordia cii 1 .694 y un pleito ganado por los de Villacintor cii Valladolid cii 1.712. Se volvió a las andadas otra vez cuaiido el Concejo de Villamizar quiso aumentar las penas en 1 .732, lo que obligó a una nueva sentencia en la Real Chancillería de Vtlladolid a favor de Villacintor en 1.752. Pero Villamizar en nuevas ordenanzas del Concejo local aprobadas cii real prov isión cii 1.755, aumentó las penas y multas, lo que suscitó un nuevo pleito, donde se aduce por pLrte de Villacintor derechos de pasto en los altos de la Encinos y de las Calabazas (lo Comuniego), fallándose en Madrid a favor de Villarnizar el 6 de abril de 1.767. Todo este largo tira y afloja judicial refleja la importancia de la ganadería (especialmente ovina) de ambos pueblos en la Edad Moderna (S. XVI al XVIII, ambos incluidos), donde la mayoría del pago no era todavía terrazgo de cereal siiio monte y pastos (II .520 heminas de monte a mediados del XVIII en Villarnizar).
En 1.599 Felipe III instituye el viejo señorío jurisdiccional con título de Castilla de Marquesado de Villamizar, completándose la señorialización de este pueblo, como otros mucho de toda la España de los Austrias. Por estas mismas fechas se desencadena una catastrófica peste en amplias zoiias de Castilla, afectando gravemente en nuestra villa, que no recuperará hasta finales del siglo XVIII los niveles anteriores de población a esa peste y las siguientes durante el S. XVII. Mal siglo fue este para los territorios de la corona de Castilla y León y no menos malo fue para nuestro pueblo (pestes periódicas y reiterados años de sequía y considerables pérdidas en las cosechas).
Sin embargo en los últimos años del siglo XVII hay cierta recuperación de la población que continuará en crecimiento durante los dos siglos siguientes. Ello se refleja en la construcción de la monumental torre neomudéjar de piedra Boñar y ladrillo, con otras obras en el templo que culminarán en el gran retablo mayor barroco, obra notable de 1.703, hoy muy alterado.
A mediados del S. XVIII conserva todavía la categoría de Villa (superior a la de lugar, que tendrá más tarde) siendo las rentas del señorío con título de Marquesado repartidas entre el duque de Medinaceli (tres cuartas partes) y don Pedro Osorno, vecino de Villafranca del Bierzo la otra parte, pagando cada vecino media carga de trigo y doce maravedíes de “martiniega”.
Según el catastro del marque de Ensenada se producía cada año 600 cargas de trigo, 300 de centeno, 35 de cebada, algo de lino y hierba, además de 600 corderos y 60 arrobas de lana. Había también nueve palomares y trece colmenas.
En ese mismo año había 68 vecinos y 92 casa habitables. En ese mismo catastro se registra una taberna y una fragua que el común da en arriendo anualmente; además nos dice que hay un sacristán, un sangrador, dos sastres (uno de ellos hermano del tabernero de apellido Medina, procedente de Villamuñío, introductores del apellido hoy tan difundido en muchas familias del pueblo), un tabernero, un herrero, algunos pastores y jornaleros y ningún pobre de solemnidad.
El S. XIX es un siglo de crecimiento de la población en toda españa y en los últimos año de este siglo asistimos a ese fenómeno de las familias numerosas que perdurara hasta los años cuarenta de nuestro siglo. Pero el S. XIX trajo al país el régimen liberal y sus consecuencias negativas en el arco nacional: además del fin del régimen señorial de las desamortizaciones y municipales, afectando ambas a nuestro caso con la disolución del monasterio e Valdellán y la pérdida de bienes del común como las eras y valles, que tardaron en ser recuperados. Otra consecuencia de la instauración liberal fueron las guerras carlistas, y estas tierras fueron semilla fértil de “voluntarios” del Rey don Carlos, de honorable memoria en muchas de nuestras familias. Sin embargo el Estado liberal nos trajo la primera escuela pública a mediados del 5. XIX, que comienza con unos 40 niños. Pero la agricultura tradicional siguió inalterada, incluso se agrava su situación hasta la dictadura de Primo de Rivera, que favoreció al sector triguero castellano- leonés con una adecuada política proteccionista, desmantelada después por la Segunda República (la única repuesta interna a esa situación fue presionar sobre el entorno natural: la roturación de monte y su aquiñonamiento).
Durante los años de la República es latente cierta conflictividad social, síntoma de que el modelo agrario tradicional ha tocado fondo (excedente de mano de obra). La Guerra civil y la inmediata posguerra congelan la situación momentáneamente.
El crecimiento de la población local culminará en 1.918 con 510 habitantes. A partir de ese año se inicia el descenso por la gripe mortífera del invierno del 18-19. Después se estanca la población en torno a 450 habitantes hasta mediados de los años 50 en que, coincidiendo con la crisis del secano tradicional y la consiguiente mecanización y modernización incipiente, unido a la industrialización de alguna zonas periféricas del país, de los años 60, se produce el masivo éxodo rural que despuebla y envejece irremediablemente el pueblo en nuestros días, donde el futuro se muestra incierto en su base económica de siempre, la agropecuaria.

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